Limpieza y desinfección de depósitos contra incendios

A lo largo de la historia, el fuego ha constituido un elemento imprescindible para el avance de la sociedad pero al mismo tiempo, también se ha posicionado como un peligro. Centrándonos en la prevención de los incendios en las viviendas y otros tipos de edificios, en la actualidad encontramos instalaciones de protección contra el fuego donde se almacena agua que posteriormente se distribuye a los puntos cercanos donde sea necesario.

Al igual que ocurre en otro tipo de depósitos, en los tanques contra incendios se mantiene el agua estancada hasta que se utiliza para paliar el efecto del fuego. Por este motivo, las labores de limpieza y desinfección son básicas para evitar la aparición de la legionella.

Aunque los depósitos contra incendios se encuentran entre las instalaciones de acumulación de agua con menores probabilidades de desarrollo de esta bacteria, si no se llevan a cabo los controles pertinentes, debido al sistema de distribución, puede derivar en consecuencias graves para la población.

Mantenimiento de los depósitos contra incendios

Durante el proceso de instalación del tanque es imprescindible evitar la entrada de cualquier cuerpo extraño que pueda originar la formación de bacterias. Del mismo modo, antes de poner en marcha el depósito, se debe realizar una limpieza y desinfección del circuito de agua.

El mantenimiento de los sistemas contra incendios se ajusta a lo que establece el Real Decreto 865/2003 por el que se fijan los criterios higiénico-sanitarios para la prevención y control de la legionelosis. De este modo, para realizar una limpieza y desinfección completas de la instalación es preciso cumplir unos plazos y unos protocolos.

Cada semestre es preciso tomar una muestra para comprobar la existencia de legionella. De forma anual se realiza una revisión general del funcionamiento del depósito y se miden los niveles de cloro. En cuanto a la limpieza y desinfección, es obligatorio hacerlo cada 5 años.

El objetivo de estas tareas es garantizar la calidad microbiológica del agua para que en el momento de utilizar la instalación, no se produzca la propagación de esta bacteria. Asimismo, gracias a este tipo de trabajos se puede mantener el sistema en perfecto estado, eliminando cualquier sedimento, oxidación o residuo que pueda influir en el correcto funcionamiento del depósito contra incendios.