¿Qué hago si mi perro entra en contacto con la oruga procesionaria?

La subida progresiva de las temperaturas y el fin del invierno propician la aparición de un insecto que supone un grave peligro para los animales. Se trata de la oruga procesionaria, denominada científicamente como Thaumetopoea pityocampa, que debido al cambio climático cada año se manifiesta antes y va invadiendo más zonas. Generalmente, hay que tener un especial cuidado entre los meses de febrero y abril, aunque no es de extrañar que en diciembre o enero ya se pueda ver su rastro.

¿Cómo actúo si mi perro entra en contacto con oruga?

Esta especie se caracteriza sobre todo por albergar alrededor de 500.000 pelos que se asemejan a unos punzones envenenados. Aunque el tamaño de estos filamentos es pequeño, el problema radica en que se suelen desprender con bastante facilidad del cuerpo de las orugas, derivando en que las personas y las mascotas tengan un mayor riesgo de contacto con ellos.

Las orugas procesionarias son fácilmente identificables porque suelen desplazarse en fila una vez que descienden al suelo desde sus nidos. Como curiosidad, la especie que guía al grupo es siempre una hembra. Lo más habitual es encontrarlas en parques y jardines de muchas ciudades y no únicamente en el campo como se suele pensar.

¿Qué efectos provoca la oruga procesionaria en los perros?

Como hemos comentado, los pelos de la oruga procesionaria son extremadamente venenosos, ya que contienen una sustancia urticante que ocasiona alergias en las personas y los animales al entrar en contacto con ellos. Sin embargo, la situación es mucho preocupante cuando estos filamentos se clavan en la piel o en alguna parte delicada de un perro, como la boca, la nariz o la lengua.

Así, es preciso prestar atención a los siguientes síntomas para saber si nuestra mascota ha estado en contacto con este insecto:

  • Dolor en la boca que normalmente deriva en rascarse de forma frecuente.
  • Inquietud y nerviosismo.
  • Inflamación de la lengua y los labios, e incluso la cabeza y los párpados.
  • Fiebre.
  • Problemas para cerrar la boca.
  • Respiración acelerada o dificultad para hacerlo.
  • Segregación de una gran cantidad de saliva.
  • Jadeos continuos.
  • Urticaria en la piel a través de ronchas rojas que se van hinchando poco a poco.
  • Problemas oculares.
  • Necrosis de la lengua.
  • Vómitos.
  • Coloración azulada de la piel y las mucosas.
  • Convulsiones.

¿Cómo actuar si se produce la picadura de una oruga procesionaria?

Al sacar a pasear a nuestro perro por un parque o el campo, lo más normal es que sientan curiosidad por la apariencia y la forma de moverse de las orugas procesionarias y tiendan a acercarse. Sabiendo el peligro que supone, hay que evitar que el animal las toque, las chupe o las ingiera para prevenir una intoxicación inmediata. En los casos en los que ya sea demasiado tarde y empecemos a notar los indicios anteriores, además de acudir rápidamente al veterinario, se pueden poner en práctica algunas acciones para minimizar las consecuencias.

Una de ellas consiste en lavar la zona afectada con agua templada o suero fisiológico si se tiene a mano para disminuir el efecto de la toxina. Es muy importante hacerlo desde dentro hacia fuera cuando se trata de la boca para que el perro no se trague el agua con los pelos de la oruga procesionaria. Además, se debe evitar frotar la zona para que los restos del ataque no se rompan y deriven en una mayor intoxicación.

Una vez en el veterinario, la mascota recibirá un tratamiento con corticoides de acción rápida. Por ello es tan importante acudir cuanto antes al especialista o de lo contrario, es probable que surjan complicaciones que terminen con el fallecimiento del animal.

En el caso de que el perro tan solo haya olido una oruga, posiblemente no desarrolle ningún síntoma, aunque es preciso vigilarlo durante los días siguientes para analizar cualquier anomalía en su comportamiento. Sin embargo, cuando ha tenido lugar la ingesta de uno de estos insectos, las consecuencias son sumamente graves y es fundamental actuar con total celeridad para evitar su muerte que puede suceder en cuestión de horas.

Después de haber solventado el problema con nuestra mascota, siempre es recomendable avisar a las autoridades municipales de la presencia de orugas procesionarias en un determinado lugar para que pongan en marcha las medidas de control necesarias con el fin de prevenir nuevas intoxicaciones en animales o personas.